lavado de activos

Tras el mayor blanqueador de dinero de Brasil

 Publicado por iniciativaantilavado.org
 Publicado el 15 de marzo de 2021

Brasil.- A mediados de 2019, a la policía federal de Brasil llegó un informe de inteligencia de las autoridades paraguayas que describía los movimientos de Darío Messer, hombre con doble ciudadanía, de Brasil y Paraguay, que había estado huyendo de las autoridades brasileñas durante poco más de un año. 

La lista de crímenes por los que las autoridades brasileñas querían juzgar a Messer era larga. Al parecer, él dirigía o trabajaba con unas 59 casas de cambio en toda la región, las cuales fueron utilizadas para lavar US$101 millones para el entonces gobernador del estado de Río de Janeiro, Sérgio Cabral; ese dinero es solo una parte del total que Cabral robó. El caso surgió a partir de la sonada investigación conocida como “Lava Jato” (Lavado de Autos), que involucró a decenas de integrantes de las élites políticas y empresariales de Brasil y otros países en varios enormes esquemas de soborno vinculados entre sí.

Las consecuencias de la operación Lava Jato fueron enormes y no tienen precedentes. En Brasil, las autoridades detuvieron y acusaron a decenas de políticos, entre ellos al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien en la época en que fue encarcelado era el candidato favorito en una contienda en la que aspiraba a un nuevo periodo presidencial. En medio de la agitación, el Congreso destituyó a la presidenta Dilma Rousseff.

Messer estaba involucrado en casi todo esto. Los fiscales dirían más tarde que él era el “doleiro dos doleiros” —lo que puede traducirse como “el cambista de todos los cambistas , y que coordinaba una red que movía dinero a través de cientos de cuentas, negocios y propiedades en el extranjero y en su país (“doleiro” también puede significar “blanqueador de dinero”). Según la policía, de esta manera Messer obtuvo al menos US$31 millones de dólares, mientras ayudaba a lavar unos US$1.600 millones de ganancias ilícitas.

VEA TAMBIÉN: Notorio lavador Darío Messer al fin responde ante la justicia en Brasil

En el informe de inteligencia enviado a mediados de 2019, las autoridades paraguayas dicen que habían rastreado a Messer en varias ciudades a lo largo de la frontera con Brasil. Había cambiado su apariencia, se había dejado la barba y había ganado algo de peso “para no llamar la atención”, como se lee en un informe posterior de la policía brasileña. En una serie de fotos incluidas en el reporte paraguayo aparece en una fiesta de cumpleaños en una casa en la frontera entre Paraguay y Brasil; allí se le ve con el pelo teñido de rojo claro y un Fu Manchú del mismo color, un look que ocultaba sus 60 años.

Messer finalmente salió de Paraguay, según dijeron las autoridades paraguayas a las brasileñas, y esa fue la razón por la cual la policía de Brasil había recibido el informe: sospechaban que había regresado a este país. La policía brasileña ya había perdido una oportunidad en mayo de 2018, cuando lanzaron una operación en varias ciudades donde se había identificado a 53 doleiros. Esta vez estaban decididos a no fallar.

El arte de escapar

Messer sabía cómo evadir las investigaciones criminales. Lo había hecho en numerosas ocasiones desde al menos la década de los noventa, cuando llegó a ser conocido por lavar el dinero de los ricos y famosos, así como por asistir a sus fiestas. Ambas cosas estaban, por supuesto, relacionadas. Cuando las autoridades estaban cerca, Messer evitaba ser involucrado en las investigaciones. Y cuando de alguna manera era vinculado a ellas, sabía cómo evadir las preguntas, explicar las transgresiones o salir huyendo, sobre todo a Paraguay, donde obtuvo la ciudadanía a principios de la década de 2000. 

En ese momento, su portafolio incluía estrellas del fútbol y políticos de alto nivel. Uno de los socios más famosos fue Ronaldo Luiz Nazário de Lima, el futbolista por el que Brasil ganó su quinta Copa Mundial en 2002. Fue por ese entonces cuando ambos abrieron una discoteca, R9, con un par de socios que más tarde fueron arrestados por lavado de dinero. Ni Messer ni Ronaldo fueron acusados en dicho caso, el cual, según señaló la policía en su investigación, no estaba relacionado con el club nocturno.

A este le siguieron otros roces con la ley. A mediados de la década de 2000, Messer fue vinculado al caso “mensalão”, un esquema mediante el cual el Partido de los Trabajadores (PT) les daba un “pago mensual” a ciertos políticos como soborno para obtener su apoyo a las medidas legislativas del partido y para que aprobaran contratos gubernamentales. Numerosos líderes del PT fueron a la cárcel. Aunque el nombre de Messer apareció en otros casos de corrupción, él siempre logró escapar.

Aun así, sus roces con la ley lo hicieron cada vez más cauteloso. Además de obtener la ciudadanía paraguaya, trasladó a su familia a Nueva York, y en 2009 supuestamente se retiró “para dedicarse al yoga”, como consta en el informe policial. Dado que tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 se impusieron medidas regulatorias más estrictas sobre los dineros ilícitos, Messer estableció protocolos para que sus operadores evitaran acercarse demasiado a sus clientes corruptos; los conectaba entre sí en lugar de hacer las transacciones por su propia cuenta. 

Estas tácticas funcionaron durante casi dos décadas. Pocos miembros de las élites o sus operadores fueron enjuiciados, ya que la mayoría de los recursos fiscales y policiales del país se dedicaron a encarcelar a los grupos criminales de clase baja del país. Cuando las élites eran acusadas, de alguna manera lograban escapar y eludir la captura durante años.

Pero durante la operación Lava Jato, las piezas del dominó comenzaron a caer más rápido que nunca, y las nuevas herramientas procesales, las más importantes de las cuales fueron aquellas que permitieron penas más bajas para quienes cooperaran con los organismos de seguridad, condujeron a procesos judiciales que cambiaron las reglas del juego.

Una de aquellas piezas fue Sérgio Cabral, gobernador de Río de Janeiro entre 2007 y 2014, quien supuestamente inflaba el valor de los contratos de obras públicas (a veces hasta por 10 veces), luego de lo cual recibía millones de dólares en lo que eufemísticamente se conocía como “propinas” a cambio de asignar esos contratos a determinados socios comerciales del sector privado.

Los fiscales brasileños afirman que un grupo de asesores políticos recogía el dinero de las empresas; uno de ellos se quedaba con su propina del uno por ciento y luego pasaba el dinero a través de una serie de doleiros, todos los cuales eran coordinados por un par de operadores en Uruguay. Estos operadores trabajaban con Messer, como alegan los fiscales en una acusación posterior. En noviembre de 2016, Cabral fue arrestado y acusado de malversación. Pocos meses después fue condenado a 45 años de prisión. 

Varios de los ayudantes de Cabral colaboraron con la justicia, y en marzo de 2017 las autoridades de Uruguay capturaron a los operadores de Messer en ese país, Vinícius Claret y Cláudio Fernando Barboza. En diciembre de ese mismo año, ambos fueron extraditados a Brasil, donde comenzaron a colaborar con las autoridades, las cuales buscaban desenmarañar la red que ocultaba y lavaba el dinero de Cabral y el de muchos otros esquemas. En total, dicen los fiscales, esta red ocultó más de US$1.600 millones de ingresos ilícitos de Lava Jato.

Para entonces, la Policía Federal de Brasil —que es similar al Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI)— ya tenía a Messer en la mira. Y en mayo de 2018, después de obtener discretamente órdenes de arresto de numerosos intercambiadores de dinero y operadores de servicios financieros, lanzaron una operación en varias ciudades con el fin de detener al doleiro dos doleiros. En total, arrestaron a 53 sospechosos, pero cuando fueron a buscar a Messer a una de sus casas en Río de Janeiro, este había huido. 

Cómo lavar miles de millones

En São Paulo, Messer también tenía una red, y la activó. Aunque había obtenido una identidad falsa en Paraguay, a veces asumía la identidad del padrastro de su novia, Arleir Francisco Bellieny, la cual utilizaba para ingresar a un gimnasio de la zona. Y en marzo de 2019, probablemente con la ayuda de su antiguo socio, Najun Azario Flato Turner, él y su novia se mudaron a un apartamento a nombre de ella en la Calle Pamplona, en un elegante barrio del centro conocido como Jardins, justo al lado de la Avenida Paulista.

Para doleiros como Messer, Turner era no solo un icono, sino además un mentor. Los fiscales lo describen como “uno de los mayores contrabandistas de oro de Brasil”. Turner, dicen los fiscales, también era un doleiro, y, al igual que Messer, estaba relacionado con numerosos escándalos políticos en Brasil.

A principios de la década de los noventa, por ejemplo, el uruguayo trató de encubrir al entonces asediado presidente Fernando Collor de Mello —quien enfrentaba cargos de malversación— diciendo que había prestado US$3,75 millones para su campaña; el préstamo supuestamente fue cambiado por oro. La artimaña —que luego se conoció como “Operación Uruguay“— no fue efectiva: el Congreso destituyó a Collor de todos modos. 

No se presentaron cargos contra Turner, pero el término Operación Uruguay se convirtió en un comodín en Brasil para referirse a los políticos que intentaban fabricar una coartada. Más tarde, los investigadores conectaron a Turner con el caso mensalão y con otros casos de corrupción política. Pero, al igual que Messer, Turner supo usar sus contactos para escapar del sistema judicial. De hecho, había estado prófugo durante meses, viviendo en São Paulo, a pesar de que existía una orden de arresto en su contra desde octubre de 2017.

Turner y Messer también habían trabajado juntos durante mucho tiempo. Documentos de la policía brasileña indican que fue Turner quien convenció a Messer de trasladar sus operaciones a Uruguay en cierto momento en 2003, para que ambos pudieran operar sin ningún obstáculo. Y para cuando, una década más tarde, Messer estaba lavando los ingresos corruptos de políticos vinculados a Lava Jato, Turner estaba manejando varias de las cuentas de Messer.

De hecho, los investigadores brasileños dicen que, entre 2011 y 2016, Turner intercambió millones de dólares en efectivo y propiedades para Messer, en gran parte a través de una agencia de viajes que ofrecía paquetes turísticos, y de una casa de cambio interna, un típico esquema usado por los blanqueadores de dinero para ocultar el movimiento de grandes cantidades de divisas. 

Por lo tanto, no es sorprendente que, cuando Messer se dio a la fuga en mayo de 2018, hubiese acudido donde Turner, quien se convirtió, como dijo la policía, en “su mejor amigo y consejero”.

VEA TAMBIÉN: Brasil busca extradición de expresidente de Paraguay por lavado de dinero

Además de la agencia de viajes, Turner y Messer usaron lo que llamaban el sistema “dólar-cabo” para obtener dinero para Messer. Según documentos judiciales brasileños, dicho sistema es similar a lo que a veces se denomina “operaciones espejo” o “acuerdos consecutivos”. Estos se basan en la confianza: un socio mueve dinero o capital en la cuenta de una de las partes en un país; el otro hace lo propio, y mueve una cantidad igual de dinero o capital en la cuenta de la otra parte en otro país. En otras palabras, la transacción se realiza sin que nada de dinero cruce ninguna frontera.

Para los doleiros que también blanquean dinero, esta no es más que la primera etapa de un proceso. Si se obtiene ilegalmente, el dinero podría moverse, pero todavía está sucio y tendría que pasar a través de al menos un negocio, una propiedad o una cuenta bancaria más antes de regresar al propietario. Esto es lo que Messer y su red estaban haciendo para Cabral, como sostienen los fiscales en la acusación contra la red.

El proceso era relativamente simple pero difícil de rastrear. La “propina” de los contratistas llegaba a un agente político, el cual se la pasaba a la red de Messer, quienes luego la depositaban en una cuenta en Brasil que era acreditada mediante el movimiento de dinero en otro “banco paralelo” en el extranjero. La red de Messer ni siquiera afectaba necesariamente ninguna de las transacciones. En su lugar, actuaban como corredores, trabajando para “casar” (como escriben los fiscales en su acusación posterior) a las dos partes que querían hacer negocios, y luego cobrar una tarifa por sus servicios. De allí su apodo: doleiros dos doleiros.

En todo el proceso, el dinero se movía por cuentas con nombres como Chiefrun Ltd., Main Future Ltd., May’s Zona Libre y Youngcom Int’l Ltd. Y era devuelto a los operadores políticos a través de varios cambistas a lo largo de la Rua 25 de Março en São Paulo. Los cambistas ni siquiera sabían necesariamente quién estaba en ninguno de los dos extremos de la cadena, pero los fiscales dicen que entendían que hacían parte de un esquema de lavado de dinero, y es por eso que la mayoría de ellos fueron acusados junto a Messer.

Parte de este dinero se movía a través de cuentas en el extranjero con administradores menos escrupulosos y poca supervisión del gobierno. En el transcurso de sus pesquisas, los investigadores brasileños identificaron más de 400 cuentas en el extranjero donde Messer y su red escondieron dinero durante el esquema de Lava Jato. Messer entendía muy bien este sistema offshore, ya que también había creado una cuenta con su propio dinero, con la ayuda de otro antiguo socio brasileño, Roland Pascal Gerbauld.

Con oficinas en Miami y Río de Janeiro, Gerbauld se presentaba como asesor inmobiliario y financiero. Pero, según una base de datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Consortium of Investigative Journalists, ICIJ), Gerbauld también estaba vinculado a docenas de cuentas en el Caribe y en otros lugares. Gerbauld, según las autoridades brasileñas, ya había ayudado a Messer a ocultar más de US$17 millones en una cuenta bancaria de Bahamas a nombre de otra compañía fachada, Hernanderias Ltd.

Dado que se encontraba huyendo, y con el deseo de acceder a ese dinero, Messer envió a su novia, Athayde, a Estados Unidos en diciembre de 2018, para que hablara con Gerbauld. Durante el mes siguiente, creó una empresa, Goodhope Consulting LLC, con la ayuda del asesor de Messer. Goodhope, dicen las autoridades brasileñas, era solo una fachada para mover dinero. Y el 11 de junio de 2019 —de nuevo con la ayuda de Gerbauld— Athayde abrió una cuenta en Valley National Bank a nombre de Goodhope con un depósito de US$5.800. Y abrió además otras dos cuentas en Bank of America.

La relación entre ambos incluía transacciones ilegales, dicen las autoridades brasileñas. En al menos una ocasión, Athayde recibió “sacolas” (o “bolsas”) de Gerbauld, lo que al parecer es una referencia al dinero en efectivo. En otra ocasión, Messer y Gerbauld discutieron el movimiento de capitales en China. Los investigadores dicen que estos son “fuertes indicios” de que Gerbauld estaba ayudando a Messer a emplear dólar-cabo con socios que habían invertido o escondido dinero en Asia.

Por sus servicios, Gerbauld le facturó a Messer US$148.000. Sin embargo, la relación también era personal. Athayde buscó la ayuda de Gerbauld para pagar una factura telefónica, y Messer le envió un mensaje para asegurarse de que iba a asistir a una reunión con uno de sus abogados. Además, las autoridades insinúan que Gerbauld le ayudó a Messer a establecer una póliza de seguro en su cuenta de US$17 millones, entre cuyos beneficiarios se encontraban Athayde y los tres hijos de Messer.

Publicado por Insight Crime, enlace de origen: https://es.insightcrime.org/investigaciones/tras-mayor-blanqueador-dinero-brasil/


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *